viernes, 24 de abril de 2020

MI PAREJA ES MI SÍNTOMA.
Cuantas veces escuchamos la misma queja en cuanto a relaciones amorosas se refiere.
La mayoría de las veces, la queja que se escucha de alguno de los miembros de pareja tiene que ver con los mismos temas: dinero, detalles, atención, etc.
En otras ocasiones, los problemas son un poco más fuertes y tienen que ver con mentiras, infidelidades o alguna otra cuestión que hace que la relación de pareja se vea debilitada.
Pero ¿Qué pasaría si en vez de ver lo que el otro hace o deja de hacer, comienzo a ver lo que permito e incluso provoco de mi pareja?
Me explico: los problemas en las parejas son de lo más normal; de hecho, para una pareja equilibrada es la resolución de estos conflictos lo fortalece y une la relación.
Sin embargo, existen parejas para las cuales es más difícil llevar a buen cabo las dificultades e incluso pareciera que estas dificultades son magnificadas con cosas del pasado o rencores, o incluso por aspectos inherentes a la personalidad de cada miembro.
A veces nos referimos a esas parejas como parejas “tóxicas” o problemáticas.
¿hasta qué punto es normal?: este tipo de temas se caracterizan por levantar mares de opiniones ya que todo mundo hemos estado en alguna situación de ese tipo. Incluso, podemos ver a diario la lamentable realidad de la violencia tanto física como psicológica que viven miles y miles de pareja alrededor del mundo.
Sabemos que es trabajo de dos el mantener a flote una relación de pareja e incluso a veces pareciera que el otro hace lo posible por mantenernos tristes.
No hablemos de cuando hay maltratos.
Existe un refrán que dice: “permitimos de los demás el mismo maltrato que creemos merecer”.
Son palabras muy fuertes que de entrada nos provocan rechazar, pero, pensándolo un poco mas tiene mucha lógica.
Si mi pareja me maltrata, me miente, me humilla o simplemente me hace sentir mal es por que hubo muchos momentos en donde no supe poner límites.
Esto se reafirma cuando me doy cuenta de que en todas mis relaciones de pareja existen patrones que se repiten.
¿y si inconscientemente elijo un tipo particular de personalidades? ¿y si inconscientemente me enfrasco en relaciones “tóxicas?
Pero, ¿con qué fin?
¿Cuál será ese síntoma?
Son preguntas muy interesantes: tal vez sea necesario de vez en cuando revisar qué ganancias secundarias obtengo de diferentes situaciones desagradables pero que inconscientemente busco.

LA RESPONSABILIDAD DE MI DECIR.

Qué importante es lo que digo, pero más importante es lo que callo.
Y es que generalmente soy dueño de lo que digo, pero no me doy cuenta de que soy esclavo de lo que callo.
Ya que aquello que me guardo para mi reserva es precisamente el punto nodal de mi conflicto que al no encontrar abre acción va a terminar en somatización o síntomas neuróticos.
Es un principio básico de la psicoterapia:
El hilo con que se teje una sesión terapéutica es el decir del paciente que, mentiroso o no, real o no, es lo que se inserta en el campo del deseo del que habla y que viene a buen fin cuando son testigos unos oídos bien entrenados en escuchar “decires” colmados de “callares” que regresan el discurso entretejido de verdades que las más de las veces no quieren ser dichos porque lo que desean es precisamente no ser escuchados ni vistos ni repetidos.
Son los quehaceres del deseo de lo Real.
Y en este juego de decires las más de las veces es donde el inconsciente hace de las suyas transformando la palabra del paciente en una palabra investida de sufrimiento o victimización en donde el paciente es objetivo de la perversidad de todo y de todos y sometido ante tanta crueldad no entiende el porqué es él, la presa de esta maldad.
No sabe que sabe; su palabra esta investida del goce de la pasividad ante el sufrimiento, sin darse cuenta que detrás de ese goce está lo que está detrás de todo goce: la última consecuencia de la vida; la muerte.
No sabe que sabe; su palabra está investida del Goce de no ver lo que ya vio, de saber lo que ya sabe debido a que ver lo que no se quiere ver o saber lo que no se quiere saber es sinónimo de ser responsable de lo que se va a decir a partir de aquí.
Es preferible poner al psicoterapeuta en la posición del saber para que le sea dicho lo que debe hacer y así librarse de la responsabilidad del decir y no ser él mismo quien lo dijo.
La mayoría de las veces, el decir implica la responsabilidad del saber, del ver, del conocer, pero el verdadero miedo a la responsabilidad del decir reside en la responsabilidad de asumir lo que ese dicho trae consigo mismo: una, o varias consecuencias.
Aquí es donde radica el parteaguas que hacer ver al terapeuta si el que habla quiere o no la cura.
¿Cuál cura?: esa que libera el deseo, ya que al asumir el decir y al asumir la consecuencia de ese deseo oculto en las palabras, no hay deseo reprimido que se aprisione en el síntoma.
Decir es libertar el deseo.
Por eso cuesta tanto trabajo que el paciente se haga responsable de lo que dice; implica que sea el mismo el responsable de sus sufrimientos tanto como de su cura.
Implica que el mundo exterior deje de ser la fuente de toda esa perversidad y maldad que lo hacen víctima para darse cuenta que es la propia malvad y perversidad la que regresa a uno cuando no es libertada por el decir.
El terapeuta debe regresar el discurso tantas veces sean necesarias para que el paciente por fin lo escuche y posteriormente, reconozca en sí mismo ese decir y lo haga suyo.
Qué importante es lo que digo, pero es más importante lo que callo.

CODEPENDER: NECESITO QUE ME NECESITES.

En esta ocasión voy a abordar un tema con el que cada vez con más frecuencia me encuentro en la consulta psicológica: la codependencia; muchas veces mal entendida como dependencia mutua y responsable de muchos problemas psicosociales en cada vez más individuos.
Para comenzar a abordar el tema, quisiera comenzar por aclarar que la codependencia tiene muy poco que ver con una dependencia mutua.
Muchas veces en el argot popular nos encontramos con la reincidente equivocada de referirse a la codependencia como una forma de decir que tanto el otro como yo dependemos mutuamente.
Nada más alejado de la realidad.
La codependencia es en todos los casos una actitud patológica utilizada inconscientemente por personas con un sentimiento de inferioridad muy marcado y usado como recurso sutil de manipulación.
El codependiente no nace siéndolo pero se va haciendo al toparse con una sensación de falta de control del exterior de modo que de su ambiente aprende que el ser codependiente redunda en obtener objetivos emocionales por miedo de la culpa infundada en el otro.
No es desconocido que nuestro aparato psíquico actúa exactamente al revés de lo que precisamente sentimos para protegernos del dolor emocional muchas veces proyectado en el otro lo que en realidad tenemos en nosotros y adquiriendo de los demás lo que no tenemos y queremos para nosotros: mecanismo de defensa similar al de los celos.
Así sucede con el codependiente: proyecta en su objeto de amor una imagen de inutilidad , poca suficiencia y total invalidez social y emocional e introyecta en si mismo una total y abnegada responsabilidad del otro.
El mensaje del codependiente es : tú solo no puedes, necesitas de mí y sin mi te perderás.
En realidad el codependiente está satisfaciendo en si mismo aquello que a él no le dieron por medio de hacerlo con alguien más vulnerable.
En realidad lo que hace con el otro desea que lo haga con el mismo.
El verdadero mensaje del codependiente es: necesito que me necesites ya que si no me necesitas quiere decir que soy inutil.
En cierta medida el codependiente necesita más del dependiente que el dependiente mismo, ya que de cierta forma así, haciéndose indispensable para los demás es como ha llenado esa herida narcisista aunque sea solo en su mente.

LA MANERA CORRECTA DE SOLUCIONAR PROBLEMAS

La vida se trata de solucionar problemas De hecho en la gran mayoria de los trabajos se nos paga precisamente por la forma en la que solucio...