sábado, 23 de abril de 2022

¿Cuánto tiempo tengo que ir al psicólogo?

 

Has decidido acudir a psicoterapia. 

o tal vez estás considerándolo

incluso, puede ser que estés retomando un proceso terapéutico después de mucho tiempo. 

es normal que te asalten muchas dudas. 

sin embargo, pareciera ser que una de las preguntas que más nos atormentan cuando acudimos a terapia es: 

¿Cuánto tiempo va a durar esto? 

¿siempre es largo un tratamiento psicológico?

¿un psicólogo me puede dar de alta? 

¿Cuándo me voy a "curar"? 

La respuesta mas evidente a esta pregunta pudiera ser que la duración del tratamiento va a depender en gran medida de los objetivos que quieras lograr al acudir a psicoterapia. De hecho, es recomendable que cuando inicies o re inicies un tratamiento psicológico, lleves bien claro al menos un objetivo que quieras lograr con ese tratamiento. 

Sin embargo, en el mundo real esto es muy difícil ya que no siempre se sabe por donde comenzar. incluso, la mayoría de las veces, terminamos tratándonos de cosas que nada tenían que ver con nuestro primer objetivo de tratamiento. 

lo cierto es que ningún psicólogo profesional te va a negar la atención por no tener un objetivo claro. 

en la terapia ambos fluirán con lo que se manifieste en el consultorio. 

lo que es cierto es que una cura Rápida es lo mejor para ambas partes. Tanto el paciente como el terapeuta quieren y necesitan ver avances rápidos. 

por este motivo, los esfuerzos por acelerar la duración de los tratamientos psicológicos han existido desde siempre. 

hoy día, en un escenario post-pandémico y con las incesantes y actuales guerras esparcidas por doquier por parte de las potencias mundiales, la prisa por curarse o de al menos, aminorar los síntomas psicológicos parece ser aun mas imperante y necesaria. 

En repetidas ocasiones, la principal causa por la que un proceso terapéutico no avanza y se extiende en el tiempo es por las ya conocidas resistencias del paciente a abandonar viejos modelos establecidos para adoptar otros nuevos que supongan el salir de la famosa "zona de confort".

Cuando se trata de este tipo de resistencias existe un método muy bueno que aplican los psicólogos y es el de fijar un plazo determinado para registrar algún avance que es acordado de mutuo consentimiento. Esto obliga al paciente a poner de su parte en el tratamiento psicológico y sirve para derribar algunas de las resistencias que el paciente pueda llegar al tratamiento. 

sin embargo, esto no siempre supone que el tratamiento sea exitoso o que se pueda llevar a buen término. 

la mayoría de las veces este método solo ayuda para algunos objetivos en específico, pero como se mencionaba anteriormente, esos objetivos en el decurso del tratamiento tienden a expandirse, complementarse, modificarse o a veces incluso hasta sustituirse por otros objetivos más preponderantes y/o profundos. 

En términos generales, existen dos momentos en los que se puede hablar del término de un tratamiento psicológico:

1.- Cuando la sintomatología del paciente ha remitido 

2.- Cuando el terapeuta Juzga que el paciente puede afrontar las dificultades de la vida por sus propios medios y recursos, algunos potencializados por el tratamiento y otros adquiridos en el mismo.

Ninguno de estos dos escenarios excluye la posibilidad de que después sobrevengan otros síntomas o la necesidad de retomar el proceso terapéutico por acción de los eventos impredecibles a los que estamos todos expuestos. 

Se pudiera hablar teóricamente de un término total del tratamiento psicológico cuando el paciente alcance un nivel psíquico absoluto de normalidad y de perfecta adaptación al entorno y a los problemas 

Pero en la práctica, esto no sucede. 

Muy difícilmente podemos hablar de una "completa normalidad" y mucho menos de una "ausencia de problemas". 

Esto pertenece a la utopía que todos los tratamientos psicológicos desearían alcanzar. 

Una definición más práctica y realista del término de algún tratamiento psicológico sería cuando merced al fortalecimiento del "YO",  el paciente sea capaz por sí mismo de interiorizar un juicio realista, unas actitudes maduras y unas estrategias de afrontamiento saludables ante cualquier situación que la vida le presente. 

Esto claro, temporalmente y sin desechar la posibilidad de regresar al tratamiento siempre que lo necesite. 

En este sentido entonces tenemos que existen sujetos que después de un cierto tiempo de tratamiento psicológico, podrán hacer frente por sí mismos a sus conflictos con la completa libertad de pensamiento de volver siempre que lo necesite pero en términos generales realizar su vida con completa normalidad sin dependencia a ningún agente externo y volcando de sí su máxima potencialidad habiendo resuelto en tratamiento aquellos conflictos psicológicos que pudieron habérselo impedido. 

Por otro lado, sin embargo, tenemos también que existen sujetos en el otro lado de la balanza para los cuales será imposible el lograr dicha autonomía e independencia de un proceso terapéutico. 

Generalmente son pacientes que han sufrido traumas extremadamente incapacitantes pero esto no es una regla 

Hay pacientes que con todo en contra cuentan con recursos personales que a pesar de que hayan sufrido traumas muy grandes son capaces de funcionar con normalidad. Así mismo, hay individuos que sin haber sufrido necesariamente mucho, sus recursos y herramientas personales les dificultan una vida plena en términos psicológicos. 

Al parecer existe una tendencia constitucional que provoca que haya individuos capaces de domeñar, a veces con ayuda terapéutica, sus propios demonios y existen quienes no son capaces de realizar dicha hazaña por su cuenta. 

En el segundo caso, un proceso terapéutico será un acompañamiento necesario de por vida, sobre todo cuando éstas tendencias pongan en peligro la integridad física y psicológica del individuo propio o de otras personas. 

No se puede pensar en encajonar un tratamiento psicológico a un lapso de tiempo determinado ya que si bien esto pudiera funcionar para ciertos objetivos, el ser humano es un ser complejo que está integrado por muchas variables sociales, culturales, sexuales, espirituales e individuales. 

El tiempo del tratamiento dependerá en gran medida de las predisposiciones personales, las circunstancias del individuo, sus propias herramientas e incluso su propia constitución genética y social. Por tal motivo, siempre se debe considerar cada caso como único y valorar con objetividad la necesidad de prolongar en el tiempo el tratamiento o saber terminarlo cuando sea necesario. 

Independientemente del tiempo que pueda durar algún tratamiento psicológico, la medida que debe interesar es el avance cualitativo en cuánto a salud mental y calidad de vida que puedas lograr así sea en una semana o en una década de tratamiento seas paciente o seas terapeuta. 

PSIC. JUAN PABLO MORALES LLAMAS 
 







 


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