viernes, 18 de julio de 2014

"Quasi una fantasia"

                               Juan Pablo Morales Llamas.


  “Recuerden su nombre,  porque este
Hombre  hará hablar al mundo entero”.
Mozart, (acerca de Beethoven)

Como es bien sabido,  Sigmund Freud, aquél medico vienés revolucionario, es el padre del psicoanálisis y parteaguas del pensamiento moderno; de manera similar a como Beethoven, aquel gran músico, que compuso gran parte de su obra en la ciudad de Viena, fue un parteaguas entre el periodo clásico y el romanticismo.
Pero ¿Qué tiene que ver esto con la materia que hoy nos compete?... Freud nos dice en  la lectura de presentación autobiográfica que  entre su vida, sus obras y la acogida de éstas no debe existir disociación si se quiere comprender el descubrimiento del psicoanálisis como práctica terapéutica y metapsicológica. En función de una contextualización del momento histórico en el que Freud dio forma a su teoría, me atrevo a decir que  el psicoanálisis es un hijo del romanticismo, es decir, no se puede entender el surgimiento del psicoanálisis sin entender el movimiento intelectual que lo precedió; es casi como si el descubrimiento de esta teoría haya sido algo inminente e inevitable y solo se necesitaba de un viejo loco, pero no cualquiera,  puesto en el momento y lugar indicados para que esto sucediera…”Quasi como una fantasia”. 
Así como no cualquiera pudo revolucionar la música al grado en que Beethoven lo hizo, tampoco cualquiera pudo haber dado forma a este modelo de la condición humana.

Para entrar aún más en contexto, cabe decir que el  romanticismo es un movimiento cultural y político originado en Alemania y en el Reino Unido (Gran Bretaña e Irlanda del Norte) a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, confiriendo prioridad a los sentimientos. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso es que su rasgo revolucionario es incuestionable debido a que el romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo que se presenta de manera distinta y particular en cada país donde se desarrolla; incluso dentro de una misma nación se manifiestan distintas tendencias proyectándose también en todas las artes.         Es propio de este movimiento un gran aprecio de lo personal, un subjetivismo e individualismo absoluto, un culto al yo fundamental,  y a pesar de que Freud siempre se esforzó por  la absoluta objetividad de sus estudios, sus objetos de estudio eran meramente subjetivos y revolucionarios,  eran  como voltear a ver aquello a lo que todas las ciencias  le habían dado la espalda: los sentimientos, la vida anímica,  los fenómenos psíquicos.  Y aunque Freud no fue un contemporáneo romántico a diferencia de Beethoven, se vislumbran  en su obra muchos restos del movimiento científico, artístico, musical que comienza con la obra de este genio de la sonata.

Veintinueve años después de morir Beethoven  en Viena, nace Sigmund Freud en lo que actualmente se conoce como republica checa, para después ir a vivir a Viena y regalar al mundo su saber psicoanalítico, “Quasi como una fantasia”… Casi como si la ciudad  hubiera querido reunir en su seno a estos dos grandes.
Y asi como  “Quasi como una fantasia”  la sonata que lleva este nombre y que es de la autoría de Beethoven , se revela contra las formas musicales establecidas en su tiempo y desde el primer movimiento va en contra de  lo normal y se atreve a romper esquema después, con el segundo movimiento sienta las bases de lo que será la sonata de ahora en adelante y concluye con  un tercer movimiento lleno de fuerza y vigor que deja la sensación de haber tocado hasta la fibra más sensible y más remota de lo más profundo del  ser humano… así, el psicoanálisis viene a cambiar  esquemas, a sentar las bases de lo que será el conocimiento psicológico de ahora en adelante y tocar hasta la fibra más sensible y remota de lo más profundo del ser humano.
Ciertamente el psicoanálisis es también un arte y por eso las mismas palabras que profirió Mozart a Beethoven las quiero aplicar hoy al mismo Sigmund Freud… “recuerden su nombre, porque este hombre hará hablar al mundo entero”…


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