Juan Pablo Morales Llamas.
“Recuerden su
nombre, porque este
Hombre hará hablar al mundo entero”.
Mozart, (acerca de Beethoven)
Como es bien sabido, Sigmund Freud, aquél medico vienés
revolucionario, es el padre del psicoanálisis y parteaguas del pensamiento
moderno; de manera similar a como Beethoven, aquel gran músico, que compuso
gran parte de su obra en la ciudad de Viena, fue un parteaguas entre el periodo
clásico y el romanticismo.
Pero ¿Qué tiene que ver esto con la materia que
hoy nos compete?... Freud nos dice en la
lectura de presentación autobiográfica que entre su vida, sus obras y la acogida de
éstas no debe existir disociación si se quiere comprender el descubrimiento del
psicoanálisis como práctica terapéutica y metapsicológica. En función de una
contextualización del momento histórico en el que Freud dio forma a su teoría,
me atrevo a decir que el psicoanálisis
es un hijo del romanticismo, es decir, no se puede entender el surgimiento del
psicoanálisis sin entender el movimiento intelectual que lo precedió; es casi
como si el descubrimiento de esta teoría haya sido algo inminente e inevitable
y solo se necesitaba de un viejo loco, pero no cualquiera, puesto en el momento y lugar indicados para
que esto sucediera…”Quasi como una fantasia”.
Así como no cualquiera pudo revolucionar la música
al grado en que Beethoven lo hizo, tampoco cualquiera pudo haber dado forma a
este modelo de la condición humana.
Para entrar aún más en contexto, cabe decir que el
romanticismo es un movimiento cultural y
político originado en Alemania y en el Reino Unido (Gran Bretaña e Irlanda del
Norte) a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el
racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, confiriendo prioridad a los
sentimientos. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición
clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. La libertad
auténtica es su búsqueda constante, por eso es que su rasgo revolucionario es
incuestionable debido a que el romanticismo es una manera de sentir y concebir
la naturaleza, la vida y al hombre mismo que se presenta de manera distinta y
particular en cada país donde se desarrolla; incluso dentro de una misma nación
se manifiestan distintas tendencias proyectándose también en todas las artes. Es propio de este movimiento un gran aprecio de lo personal, un
subjetivismo e individualismo absoluto, un culto al yo fundamental, y a pesar de que Freud siempre se esforzó
por la absoluta objetividad de sus
estudios, sus objetos de estudio eran meramente subjetivos y
revolucionarios, eran como voltear a ver aquello a lo que todas las
ciencias le habían dado la espalda: los
sentimientos, la vida anímica, los
fenómenos psíquicos. Y aunque Freud no
fue un contemporáneo romántico a diferencia de Beethoven, se vislumbran en su obra muchos restos del movimiento
científico, artístico, musical que comienza con la obra de este genio de la
sonata.
Veintinueve años después de morir Beethoven en Viena, nace Sigmund Freud en lo que
actualmente se conoce como republica checa, para después ir a vivir a Viena y
regalar al mundo su saber psicoanalítico, “Quasi como una fantasia”… Casi como
si la ciudad hubiera querido reunir en
su seno a estos dos grandes.
Y asi como
“Quasi como una fantasia” la
sonata que lleva este nombre y que es de la autoría de Beethoven , se revela
contra las formas musicales establecidas en su tiempo y desde el primer
movimiento va en contra de lo normal y
se atreve a romper esquema después, con el segundo movimiento sienta las bases
de lo que será la sonata de ahora en adelante y concluye con un tercer movimiento lleno de fuerza y vigor que
deja la sensación de haber tocado hasta la fibra más sensible y más remota de
lo más profundo del ser humano… así, el
psicoanálisis viene a cambiar esquemas,
a sentar las bases de lo que será el conocimiento psicológico de ahora en
adelante y tocar hasta la fibra más sensible y remota de lo más profundo del
ser humano.
Ciertamente el psicoanálisis es también un arte y
por eso las mismas palabras que profirió Mozart a Beethoven las quiero aplicar
hoy al mismo Sigmund Freud… “recuerden su nombre, porque este hombre hará
hablar al mundo entero”…