miércoles, 4 de noviembre de 2015

LOS SUEÑOS, LA CURA Y LA PALABRA


Al hablar de los sueños existe siempre una tendencia a concebirlos como algo oculto e incluso esotérico; esta propensión aumenta si intentamos descubrir el material onírico. Sin embargo, Sigmund Freud ilustra este tema lóbrego de por sí, aclarándolo y brindando una interpretación que va mas allá del simple significado de los sueños, una interpretación teñida de la seriedad característica en él, que aporta a la psicología un saber invaluable; nos aproxima por primera vez al inconsciente parlante a través de los sueños.

En el capítulo dedicado a la interpretación de los sueños, en su libro Introducción al psicoanálisis, Freud explica el sueño en dos instancias: la primera, llamada sueño manifiesto, es aquel sueño que nos aparece desprovisto de significado con una amplia extrañeza; la segunda, llamada sueño latente, es el significado inconsciente que para el sujeto tienen las imágenes y elementos del sueño. La práctica psicoanalítica con la técnica de asociación libre nos proveerá del significado de esto.

En la obra antes citada, Freud nos indica que “... el sujeto del sueño dispone de una forma de expresión simbólica de la que no solo no tiene el menor conocimiento en la vida despierta, sino que tampoco le es posible reconocerla cuando le es comunicada por otra persona”  (Freud, 2000). Observamos que en el sujeto el significado del sueño escapa a la consciencia, se ha elaborado inconscientemente. Ésta elaboración del sueño es una labor que transforma el sueño de los símbolos claros en uno de significados ocultos, símbolos que existen sólo en el inconsciente del individuo y significan solamente para su construcción personal, a esto Freud le llama “transformación del sueño latente en manifiesto” y responde a situaciones de mera defensa psíquica contra tendencias perturbadoras en el individuo.

Si bien los símbolos oníricos concurren solo en el inconsciente del sujeto en cuanto a significado describimos, y de este modo no existe un "diccionario" donde aparezca explicado el significado universal de cada símbolo, también es cierto que existen en el "folklore" de los pueblos relaciones simbólicas en su lenguaje, de tal modo que una cosa describe a su vez otra distinta. Tal es el ejemplo de nombrar al pene con distintos nombres de cosas que lo asemejen. Esta significación general es un elemento que toma el inconsciente para deformar los sueños y su significado latente, dejándolo oculto a la consciencia.

Así mismo, existen autores como H. Sperber que hablan de un "lenguaje fundamental" y de que "... las necesidades sexuales han intervenido en la génesis y evolución de la expresión oral..." (H. Sperber, 1988). Basado en esto, Freud habla acerca de la antítesis, en donde todo elemento manifiesto capacitado de tener un contrario puede aparecer empleado en su propio sentido o en el opuesto, incluso a veces en ambos sentidos; y prosigue: "... este extraño mecanismo de la elaboración onírica, encuentra una feliz analogía en la evolución del idioma. Muchos filósofos afirman la existencia de antítesis en las lenguas más antiguas: fuerte-débil, claro-oscuro, son designados por la misma palabra"  (Freud, S. 1900).  Estas antítesis, cambios de sentido, cosas nombradas por otras cosas, inherentes a las lenguas de los pueblos, son elementos inscritos en nuestra psique que resultan muy cómodos para la elaboración onírica de latente en manifiesto. 

Así, la elaboración onírica consiste esencialmente en una transformación de ideas en sucesos alucinatorios: el inconsciente transforma los procesos psíquicos, deseos, tendencias, etc. en imágenes que designan significados eminentes para de esta forma no entenderlos y que no perturben nuestro sueño ni nuestra tranquilidad consciente. De la misma forma en que los síntomas histéricos son una sustitución de una serie de tendencias anímicas a las cuales un particular proceso psíquico llamado represión ha impedido llegar a su normal exutorio por medio de la actividad anímica consciente, los sueños son una transformación de ideas inconscientes en imágenes con significados deformados unidos a otros significados y representaciones como una vasta cadena psíquica.

Si deseamos comprender un poco más estos procesos inconscientes, es vital verlos semejantes a un idioma bien elaborado, un flujo de ideas y pensamientos que elegantemente han sido transformados en imágenes escapando a nuestro entendimiento; semejante a una lengua antigua, como la china, la cual es difícil de entender debido a que un símbolo designa muchos significados. Este idioma se muestra reducido a su materia prima, estado semejante a la forma de expresión del inconsciente después de sufrir la disociación a que la elaboración onírica le somete eliminando la expresión de las relaciones inmediatas o lógicas.

Es por esto que el lenguaje y los sueños comparten una semejanza colosal; sin embargo, esta semejanza reside en una diferencia sustancial y diametralmente opuesta, a saber: el lenguaje tiene como objetivo principal el transmitir un mensaje; los sueños por su parte, tienen como función el distraer a la consciencia de lo que sucede en nuestro inconsciente, pero que puede expresar más de lo que imaginamos.


 Ejemplo de un sueño propio

“la señora y la niña”.

A continuación narro un sueño que por su contenido me resulta harto interesante en tanto a material psicoanalítico se refiere y el cual fue soñado por mí hace tiempo:

me encuentro viendo en la televisión una serie de sit comedy llamada: “the big bang theory”; en el sueño se encuentran todos los actores de la misma organizando una orgía y entonces pienso que es una forma muy libre de ejercer su sexualidad; situación que me resulta agradable.

Acto seguido, la televisión se convierte en una ventana a través de la cual soy testigo de lo que está pronto a suceder, esta ventana corresponde a un departamento situado en un edificio; desde el interior del departamento y a través de la ventana los actores de dicha serie me invitan a participar de su orgía a lo que accedo con particular gusto. Una vez que me uno al grupo, entre todos comenzamos a ponernos de acuerdo para dar inicio a tan esperada orgía, sin embargo ese momento nunca llega y todo se reduce a la organización de la misma, a los actos preparativos de ésta.

Esta situación me comienza a molestar puesto que me siento ansioso por comenzar. Es entonces cuando dirijo mi mirada al exterior del edificio en el que nos encontramos y observo a través de la ventana, justo enfrente de nuestro edificio, otro edificio similar, con departamentos y ventanas, oscuro y alto. Sin embargo, en ese edificio todas las luces se encuentran apagadas salvo aquella que se encuentra exactamente en la misma dirección que nuestra ventana.

Cuando descubro esa ventana enfrente mío con las luces encendidas, descubro también que en el interior de ese cuarto se encuentra una señora altísima y vestida de negro, quien me observa fijo con unos binoculares y por ende observa los actos preparativos para la orgía en la que me encuentro. Cuando me descubro observado por ella me entra un pánico terrible y echo a correr angustiado fuera del edificio con dirección al edificio de enfrente donde se encuentra dicha señora.

Mientras corro angustiado hacia el edificio de enfrente tengo que atravesar por unas jardineras, por la parte de arriba, la que está alejada del suelo, con miedo de caerme; y mientras esto sucede, mientras corro, voy cuidando mi lado derecho y volteo repetidas veces como si algún peligro terrible fuera a salirme de este lado;  sin embargo, de mi lado izquierdo se encuentra un bosque y no me causa miedo, a diferencia del lado derecho donde solo hay oscuridad, y sí me causa miedo; como si un terrible peligro fuera a salirme por este lado.

Cuando llego al edificio, subo las escaleras rápidamente hasta donde se encuentra el cuarto desde donde la señora me observaba y una vez que llego, abro las puertas violentamente y la señora permanece inmóvil, se convierte en una especie de maniquí, inerte; lo único que se mueve con el viento es el vestido negro que lleva puesto y sólo continúa mirando a través de los binoculares.

Dentro del oscuro y demacrado cuarto y detrás de la ventana y la señora, se encuentra una cama cuya estructura la componen unos delgados tubos de acero pintados de blanco pero muy oxidados y maltratados, dispuestos en forma de rejilla. Sobre la cama está un colchón sucio y viejo, lleno de manchas y de algo que parece sangre; encima de este colchón, yace una niña vestida de blanco, de la cual, por alguna razón, yo sé que es hija de la señora y que tiene 12 años. Así mismo, sé que ha muerto por el aspecto de su piel: gris y delgada. La silueta de la niña se hunde en el colchón.

Es entonces que me acerco a la niña y toco su brazo derecho, el cual me resulta frío al tacto y confirmo que se trata de un cadáver; en ese momento yo me convierto en la niña misma, como si por tocar su brazo me hubiera absorbido su cuerpo que yacía ahí y veo el techo que ella vería y siento mi silueta hundida en el colchón sucio. Acto seguido despierto con un miedo terrible y el corazón a punto de salírseme del pecho.



La interpretación de los sueños y su relación con el lenguaje.

Hemos observado desde el principio de este escrito cómo los sueños han sido comparados con una especie de lenguaje dispuesto en símbolos que deben ser decodificados para la mejor intelección del soñante o del que escucha la narración de algún sueño. Incluso, del mismo inconsciente se dice que se encuentra estructurado como un lenguaje. Sin embargo, retomando lo que anteriormente se dijo con respecto de las funciones del lenguaje y su relación colosal con los sueños basada en una diferencia diametralmente opuesta, cabe plantear algunas cuestiones que darán pie a las temáticas subsecuentes de lo que el día de hoy nos ocupa:

 ¿Cual es la utilidad del proceso de soñar en la psique del individuo y por qué los sueños buscan confundir al soñante del significado de sus símbolos?, ¿en qué radica la necesidad de decodificar los símbolos oníricos para descubrir sus significados y ponerlos en palabras?, ¿de qué manera éstos elementos que significan algo en el inconsciente del individuo aparecen en el sueño como imágenes visuales pero con significados deformados?

Todas éstas, son preguntas de difícil o incluso incompleta solución; sin embargo, Freud logra darnos una aproximación fascinante a estas y otras muchas cuestiones en su obra: “la interpretación de los sueños”, Misma obra que abre el camino para una comprensión grandiosa del inconsciente y de las psicopatologías que aquejan a la humanidad.

De inicio, el mencionado autor basado en la literatura científica que versa sobre los sueños que hasta entonces se había producido, presenta los estímulos y elementos que excitan la formación del sueño, mismos que se pueden enlistar de la siguiente forma: “ a) excitación sensorial exterior (objetiva); b) excitación sensorial interior (subjetiva); c) estímulo corporal interno (orgánico) y d) fuentes de estímulo puramente psíquicas” (Freud, S. 1900)

Con respecto de estos elementos que interfieren en la creación de los sueños, podemos decir que el sueño es una particularidad de los procesos perceptivos del sujeto, pero también de aquellos puramente psicológicos y orgánicos que en conjunto, al momento del acto de dormir, crean “imágenes hipnagógicas” (Freud, S. 1900)  por acción de los restos de polvillos luminosos que se quedan en la córnea pero que por acción de la asociación de ideas se anudan unas con otras para que el cerebro intente darles un sentido, como a una frase o una historia. Sin embargo, estas explicaciones no aclaran la aparente arbitrariedad con que son seleccionadas las imágenes oníricas que han de presentarse al soñante.

Nos conformaremos por ahora con decir que la percepción, en conjunto con los procesos psicológicos y lingüísticos, retornan en el soñante merced a estímulos psíquicos y corpóreos produciendo imágenes ilusorias que toman sentido entramadas a cadenas de representaciones y significantes; proceso muy similar al de la adquisición del lenguaje en el niño para quién lo primero es el símbolo que significa por sí mismo y sólo después, por acción del encadenamiento de nuevos significantes, devienen éstos en palabras. Sin embargo en el caso del sueño esta semejanza es en sentido inverso, es decir, con dirección de: palabras a símbolos.

Nos dice Freud, que en el sueño, el sujeto alucina, que reemplaza pensamientos por alucinaciones, palabras por imágenes. Así mismo, puntualiza que la actividad subjetiva del sueño nos aparece como objetiva, es decir, se vivencia sensorialmente como en el caso de la alucinación; por otra parte, al soñar, se anula la voluntad. (Freud, 1900). Y prosigue:

“la suma de las impresiones sensoriales sobrevenidas durante el dormir, y que proceden de las diversas fuentes ya mencionadas, despiertan primero en el alma una cantidad de representaciones que aparecen como alucinaciones. Éstas se enlazan entre sí siguiendo las conocidas leyes de asociación, y a su vez, evocan, de acuerdo con esas mismas leyes una nueva serie de representaciones”. (Freud, S. 1900).


Hasta aquí, hemos intentado conocer las relaciones de semejanza entre el sueño y el lenguaje, y cómo al igual que éste, el sueño se decodifica o contiene significados; cómo ésos elementos formadores del sueño finalmente se enlazan a una estructura que intentan dar coherencia como si fuera una frase o un lenguaje; sin embargo, el hecho de que los sueños no nos hablen en el lenguaje que conocemos, no quiere decir que no signifiquen algo.

Por otra parte hemos conocido cómo es que este proceso tan natural en todos los individuos resulta en imágenes y percepciones a manera de alucinaciones y cómo es que las palabras o pensamientos del soñante, se convierten en imágenes visuales o auditivas una vez que el sujeto es sometido al proceso de dormir. En pocas palabras, nos hemos aproximado a la intelección de la formación del sueño.  Sin embargo, estamos lejos de dar respuesta a todas las preguntas planteadas al principio por lo que a continuación abordaremos la cuestión de la utilidad de la transformación de nuestros significados inconscientes en símbolos e imágenes aparentemente incoherentes.

Se ha dicho que el sueño, lejos de servir para profetizar eventos futuros como erróneamente se cree, es un reflejo de algo que en la vigilia ha ocupado con carga afectiva los pensamientos y preocupaciones del soñante, es desde donde se descubre la utilidad que tiene el sueño para el aparato psíquico, a saber: sirve como una válvula de escape para la presión psíquica que en el individuo se acumula a lo largo de su periodo de vigilia pero entramado a esto, a lo largo de su historia subjetivizada; sin embargo, lejos de esta premisa se sabe también gracias a los trabajos de Sigmund Freud que el sueño es a la vez un “cumplimiento de deseo”.

Como es natural pensar, de la veracidad de esta aseveración el lector podrá dudar con justa razón, ya que la mayoría de los sueños son desagradables o incluso angustiosos; incluso si se toman los sentidos literales que se presentan en el sueño se podrán fácilmente rechazar por parecer indeseables. En respuesta a estas objeciones debemos siempre tener en mente que los símbolos literales son reflejo de representaciones inconscientes diferentes a lo soñado y también es necesario comprender que los deseos que se actúan en el sueño son en su gran mayoría inconscientes, es decir, que son rechazados por la conciencia del individuo.


Es precisamente por esta cualidad de deseos rechazados conscientemente que éstos deseos pugnan por salir, por emerger desde el fondo prohibido conocido como inconsciente; pero al ser sometidos al examen de aprobación por parte de la consciencia es necesario que afloren desfigurados al grado de irreconocibles para poder entonces encontrar exutorio y liberar la presión ambivalente que sufre el aparato psíquico por querer al tiempo que liberarlos, reprimirlos.

La desfiguración onírica entonces atiende a ésta necesidad de dar cumplimiento a un deseo rechazado de una forma que resulte menos amenazante para la vida anímica del sujeto soñante. Nos dice Freud que “…es sólo el deseo de que las cosas hayan sido de cierta forma lo que el sueño expresa” (Freud, S. 1900). Se puede pensar entonces que el sueño es un cumplimiento (disfrazado) de un deseo (reprimido) (Freud, S. 1900). Por otra parte, con respecto de los sueños de angustia, o también conocidos como “pesadillas”, este mismo autor nos dice que éstos suceden cuando el deseo que se actúa en el sueño es muy grande y se está mostrando muy claro para la consciencia, es decir sin ser sometido a la desfiguración onírica; la misma consciencia al rechazar dicho deseo que se muestra sin disfraz y al fallar en su censura, utiliza a la angustia que hace las veces de la censura y es entonces que aleja de sí eso prohibido, al grado de despertarnos llenos de terror. (Freud, S. 1900)

¿Por qué éstos deseos se muestran a manera de alucinaciones?, esto es debido a que, por mucho que la consciencia los rechace, al no encontrar un exutorio por medio de la vía motriz, es decir, al no realizar estos deseos en acto en la vida real, los procesos psíquicos retornan sobre sí mismos en un sentido regrediente que de forma natural, van desde la percepción por medio de las huellas mnémicas hasta la descarga motriz; pero en el trabajo del sueño esto sucede al revés: desde la motricidad inhibida por la censura a través de las huellas mnémicas, hasta la descarga por medio de la percepción; ya no motriz si no perceptiva. Es por esto que esta motricidad frenada se muda en alucinaciones sensoriales de todo tipo.  Esto es explicado por Freud a través de su conocido “esquema del peine”, mismo que es representado de la siguiente forma: (Freud, S. 1900).


                              Resultado de imagen para ESQUEMA DEL PEINE



 Hasta ahora, hemos visto cómo es que el sueño se forma en el sujeto y por qué lo hace así. Hemos sabido también, cuál es la utilidad del sueño y por qué son disfrazados los elementos que lo componen al grado de volverlos irreconocibles para nosotros, también nos damos cuenta de la importancia que una descarga motriz de estas tendencias rechazadas representa para el aparato psíquico, pues aunque en el sueño este deseo se esté cumpliendo no lo hace en la realidad objetiva ni por medio de la motricidad brindando una satisfacción incompleta al sujeto que sueña y que desea; cabe mencionar que con descarga motriz se encuentra también el deseo de verbalizar aquello que se encuentra pugnando por pasar del inconsciente a la consciencia, tarea harto difícil ya que en la mayoría de los casos ni siquiera el sujeto reconoce esas tendencias en sí mismo por encontrarse alejadas de su consciencia.


Análisis de “la señora y la niña”.

Es momento de poner en práctica lo que la teoría nos ha brindado; y para tal acción he resuelto aplicar lo que en este escrito hemos trabajado, a un sueño que me vino hace tiempo pero que recuerdo con nitidez y que me parece que encierra en sí elementos importantísimos en cuanto a material de interpretación se refiere. Para el análisis de dicho sueño, mismo que fue expuesto con anterioridad en el presente escrito, he resuelto pedir la colaboración de una colega a quien respeto mucho por su aguda inteligencia así como por  su gran experiencia y ética en la praxis psicoanalítica; además, la tarea de analizar un sueño propio despierta siempre resistencias difíciles de vencer; está de más decir que este caso no fue la excepción.

Para llevar a cabo esta tarea, naturalmente utilicé la técnica de asociación libre, experimentando las ocurrencias que me venían a la mente con algunos elementos del sueño que juzgo importantes:

En primer lugar se encuentra la orgia que nunca comienza, y que es pensada por mí en el sueño como una forma libre de ejercer la sexualidad. Desde el principio salta a la vista este pensamiento, pues si atendemos a la aseveración de que “el sueño es cumplimiento de deseo” pronto podemos imaginar que en este caso, con este elemento, lo que se muestra es un deseo propio de “ejercer libremente la sexualidad” pero que desde el mismo sueño es rechazado por mí al ser depositado en otros; mismos que sin embargo me invitan a participar, a lo cual accedo con particular gusto.

Es preciso agregar que esta represión en cuanto a la sexualidad no era algo nuevo en mí en el tiempo en que me vino este sueño. Debido a la crianza que tuve a lo largo de mi infancia y adolescencia decidí a temprana edad ingresar a un colegio religioso con el deseo de ser sacerdote. Claro está que esto implicaba un rechazo abierto a practicar el acto sexual. Posteriormente, abandoné este propósito para interesarme por la música y la psicología, no sin antes cambiar conscientemente mi actitud hacia la sexualidad. He dicho Conscientemente.

Otro elemento importante es la señora altísima vestida de negro que me observa con unos binoculares. Cuando advierto que la señora es testigo de lo que estoy próximo a realizar, me entra un pánico terrible. Es decir, se trata de una mirada que me angustia por que me observa con unos binoculares, como si vigilara mi acto prohibido y eso me angustiara terriblemente. Esa mirada coincide con la mirada vigilante de mi madre en la vida real. Puesto que es ella la que más me ha inculcado la moralidad en estos aspectos. Es entonces que corro hacia donde está ella, alejándome de la orgía con miedo a que “algo malo me pase”, como si se tratara esto de un castigo. La señora está vestida de negro, el color de los funerales y ella misma se encuentra inmóvil.





Cuando en el sueño me encuentro corriendo del edificio en el que me encuentro hacia donde está la señora, tengo que atravesar por unas jardineras que me recuerdan mucho a unas que había en el colegio religioso donde estudié, y el hecho de que vaya caminando por encima de ellas con miedo de caerme es un reflejo del miedo que me da pasar por encima de esa moralidad que aprendí en ese colegio. Como si al pasar por encima de ese colegio, pasara por encima de “portarme bien”. Es por eso que en este momento del sueño siento que algún peligro terrible me saldrá, como si fuera perseguido por la culpa.

 En el sueño entro en el cuarto y la señora se convierte en maniquí, después veo a la niña y sé que tiene doce años; sé que está muerta y después la toco y yo mismo me convierto en la niña. Esta serie de imágenes inconscientes me llevan a tener una serie de pensamientos en mi intento por darles una interpretación: en primer lugar, al yacer la niña sobre la cama y saber que está muerta; y al ver a la señora vestida de negro solo puedo pensar que aquello se trata de un funeral. Pero la niña tiene doce años, la misma edad en la que ingresé al colegio religioso con la intención de ser sacerdote, es decir la misma edad en la que “maté” ese deseo de ejercer la sexualidad. Es como si el funeral de la niña muerta fuera el funeral de mi propio deseo, es por esto que me alejo de la orgía que es una forma de ejercer mi sexualidad para llegar al funeral de mi propio deseo. ¿Y por qué es una niña?  Por que en la figura de una mujer se condensa mi representación de deseo, aquello a lo que a los doce años deseaba renunciar, o matar, pero que finalmente no pude. 

Con esto podemos regresar a la primera escena del sueño, en donde se actúa aquello que deseo tanto pero que nunca llega (la forma libre de ejercer la sexualidad) por que en el edificio de enfrente al mismo tiempo que la orgía, está ocurriendo el funeral de ese mismo deseo. Es decir, en mi sueño el cumplimiento de deseo está en la forma libre de ejercer la sexualidad. Pero al mismo tiempo, se muestra el conflicto que existe con esto mismo, conflicto encendido por la mirada vigilante de esa señora. Es como si una y otra cosa ocurrieran paralelamente. Puedo ir de una escena a otra pero siempre regresando a la anterior. Como un eterno repetir del deseo y su consecuente conflicto.

No es difícil imaginar que al intentar darle una interpretación al sueño, comencé a sufrir un incómodo dolor en el cuello, del lado derecho. Dolor que se extendió en el tiempo a lo largo de una semana, al cabo de la cual descubrí que el dolor era del mismo lado del cual en el sueño sentía que algo terrible me perseguía. Un día me quejaba del dolor y al voltear la cabeza al lado adolorido pensé: “me duele cuando volteo, de la misma forma en que en el sueño volteaba a ese lado que ahora me duele”. Es curioso que después de descubrir esto, el dolor se aminoró hasta desaparecer por completo al día siguiente. Como si la culpa me siguiera persiguiendo al igual que en el sueño pero ahora en la vida de vigilia a manera de un síntoma.


Los sueños, la cura y la palabra.

Deseo comenzar este apartado con el relato curioso de mi dolor en el cuello y cómo, cuando descubrí su semejanza con la forma de voltear en el sueño hacia el lado derecho, éste desapareció paulatinamente. Era un síntoma inconsciente “cuya palabra debía ser librada”. (Lacan, 2005).

¿Cómo es esto?... Lacan, en “función y campo de la palabra” (Lacan, 2005), nos habla acerca de la importancia que tiene la palabra hablada en la experiencia psicoanalítica, nos dice así mismo que de  los términos más arraigados en este experiencia (inconsciente, sexualidad, etc) pareciera que su mención debiese borrarse próximamente, en ámbitos ajenos al psicoanálisis.(Lacan, 2005); sin embargo, dice también que el psicoanálisis junto con su técnica, son aplicados sobre los conceptos que la fundan, toman su sentido orientándose en un campo de lenguaje. El médium del psicoanálisis es la palabra del paciente.(Lacan, 2005)

Por otra parte, en el escrito ya mencionado, el mismo autor nos dice que  el discurso del paciente se plaga de regresiones, es decir, de actualizaciones en su decir de relaciones fantasmales (Lacan, 2005 ) esto no se inscribe en el registro de lo Real, sino en la relación Imaginaria con el analista, en el sentido en que el psicoanálisis entiende lo Real y lo Imaginario.

Y así, Lacan continúa: “la palabra presente es un testimonio de la realidad actual, es lo que da sentido a las funciones del individuo…sus operaciones son las de la historia en cuanto que constituye la emergencia de lo verdadera en lo Real…la verdad ya está escrita en otra parte y se le puede encontrar en los monumentos del propio cuerpo…” (Lacan, 2005)

Siguiendo esta misma línea de pensamiento, nos dice Lacan que lo inconsciente es ese capítulo de mi historia cerrado, censurado. (Lacan, 2005) y que: “lo olvidado se recuerda en los actos (repetición)… el sueño tiene la estructura de una frase, o mejor dicho, de un rébus”.(Lacan, 2005).Lo que nos hace pensar que en el sueño se actúa el deseo a manera de recordarlo, es decir, no censurarlo. Sin embargo, así como el Deseo es el Deseo del Otro, o sea, el primer Deseo es ser reconocido por el Otro; también el Deseo del sueño tiene que ser reconocido por otro y esto solo puede ocurrir en una relación dialéctica, una relación de lenguaje, de palabra dicha y escuchada.
 Por lo anteriormente expuesto y a manera de conclusión nos sentimos autorizados para ultimar proponiendo lo siguiente:

El Deseo, al reprimirse o por esto “olvidarse”, no puede ser nombrado. Esto provoca que se le actúe o se le “recuerde” a través de estos actos; por eso en el sueño nos aparece actuado. Y así, lo que se actúa en el sueño nos da la clave para develar el Deseo que se nos oculta a la consciencia. Estos deseos se actúan de una manera irreconocible… y por esto indecible: o sea, con una imposibilidad para ponerlos en palabras o darles una representación; se muestran desfigurados.

Es esta desfiguración la que provoca que al no poder ser dichos o representados con palabras los Deseos que se entraman en el sueño, sean inscritos en el registro de lo Real, en el sentido en que el psicoanálisis lo entiende. De esta forma, los Deseos se “real-izan”. Esto me hace pensar en que el sueño es por esto un “cumplimiento de deseo”, por que en éste último, el sueño se realiza.

Más no se le representa con palabras. Del registro de lo real se dice que es aquello de lo que no se puede hablar, o no se puede poner en palabras. De ahí que nos sea sencillo pensar en la real-ización del Deseo en el sueño con imágenes y elementos ocultos, imposibles de poner en palabras.

¿En qué consiste esta real-izacion? Consiste en una corporización: se le erige un monumento al Deseo en el cuerpo propio, para que se le recuerde. A veces, esto sucede a manera de un síntoma. Es por esto que cuando la palabra del Deseo o del sueño es librada, cuando al Deseo se le reconoce en ese sueño con sus elementos y acertijos, o en ese síntoma, es cuando se esboza algo de aquello estrictamente inconsciente, un pequeño trazo de lo Real que a pesar de no poder ser dicho o reconocido se nos muestra como visto a través de un cristal muy empañado. A este trazo, a este esbozo, Freud le llama “latente”, cosa que en un sentido descriptivo y solo en este sentido es llamado por él mismo “inconsciente”. Pero entendamos esto un poco mejor: “en el sentido descriptivo tanto lo preconsciente como lo reprimido son inconscientes; mientras que en el sentido dinámico la designación de inconsciente se refiere exclusivamente a lo reprimido” (Freud, 1923).Digamos que al reconocer el lenguaje en que nos hablan nuestros sueños se posibilita que el Deseo se vuelva latente o susceptible de consciencia. Hablando en un sentido descriptivo y no dinámico ese boceto de lo Real se aproxima al registro del lenguaje, o sea de lo Simbólico.

“¿Qué es hacer consciente algo inconsciente?” Nos dice Freud en “el ello, el yo y el superyó” (Freud, 1923). Y responde: “la diferencia efectiva entre una representación inconsciente y una preconsciente consiste en que la primera se consuma en algún material que parece no conocido, mientras que en el caso de la segunda se añade la conexión de representaciones-palabra…mismas que son restos mnémicos que una vez fueron percepciones y pueden devenir conscientes”. (Freud, 1923).

Y continúa: “la palabra es propiamente dicho el resto mnémico de la palabra oída” (Freud, 1923)… “el pensar en imágenes está mas próximo a los procesos inconscientes; y sin duda es mas antiguo que pensar en palabras tanto ontogénicamente como filogenéticamente…en efecto para traer a la consciencia la representación inconsciente es preciso procurarle eslabones de conexión… el papel de las representaciones-palabra se vuelve ahora enteramente claro. Por su mediación, los procesos internos de pensamiento son convertidos en percepciones. Es como si hubiera quedado evidenciada la proposición: todo conocimiento proviene de la percepción externa”… (Freud, 1923), como si el sujeto al escuchar de regreso sus propias palabras, con sus propios oídos o en su propia consciencia, o al poner sus propios símbolos oníricos en sus propias palabras, pudiera reconocer aunque sea una pequeña parte de sus propios pensamientos y deseos inconscientes.


15 de Julio de 2015.
Juan pablo Morales Llamas.

























Bibliografía:
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Freud, S. Introducción al psicoanálisis. (2000). Alianza Editorial: Madrid.
H. Sperber, El simbolismo en general. (1988). Anthropos: Barcelona.
Freud, S. interpretación de los sueños I y II (1900). Amorrortu editores: Argentina.
Freud, S. el ello, el yo y el superyó (1923). Amorrortu editores: Argentina.
Lacan, J. función y campo de la palabra en psicoanálisis. Ed. Siglo XXI. México.


viernes, 27 de marzo de 2015

LA MUERTE

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Juan Pablo Morales Llamas.

“…y así la vida, la bondad suprema
Como el aroma azul de la alhucema
En la alcoba frugal, de sombra inerte.

Cerrar los ojos con la tarde amiga,
Y acostumbrarlos para que se diga,
Que ya cerrados, los halló la muerte”

-Xavier Villaurrutia. La bondad de la vida.

Mucho se ha hablado de la muerte, pero mucho más se ha callado. Y es que es un tema que causa innumerables sentimientos o emociones, la mayoría de ellos del orden de lo que no se puede – o no se quiere- decir con palabras.

Sin embargo, es cierto que cerrarse a la muerte es cerrarse a la vida. Tanto así que existen diversas posturas frente a ella, que de alguna manera intentan paliar el dolor o la angustia que nos causa, haciendo un intento por situarse frente a ella cara a cara. Algunos dirán que no les causa miedo; otros, que incluso la desean; tal vez exista quien diga que le es indiferente; lo cierto es que no se puede asumir una postura frente a ella que no verse sobre una manera de defensa frente a lo que la muerte nos recuerda: aquello de insoportable que tiene nuestra existencia.
Sin embargo, vida y muerte son dos análogos que no encuentran significación el uno sin el otro. Y es que no se puede pensar la vida sin la muerte ni viceversa; Octavio Paz, en “el laberinto de la soledad”, escribe:

“la muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida. Toda esa abigarrada confusión de actos, omisiones, arrepentimientos, tentativas…obras y sobras, que es cada vida, encuentra en la muerte, ya que no sentido o explicación, fin”.

Y es que la muerte, ilumina la vida. Ya que sin la muerte la vida no tuviera sentido.



En nuestra sociedad mexicana actual, pareciera que la muerte tiene una significación exagerada, al grado de que es un tema del día a día; pero más que la muerte: el matar. Da la impresión de que las instituciones gubernamentales, incluso las religiosas; no se diga la familiar, han perdido potestad con respecto del respeto por la vida a pesar de sus “esfuerzos”. Y es que la figura del presidente, tanto como la de Dios o la de la paternidad se encuentran degradas al grado de ridiculizadas, si no es que ausentes, invisibles.

Y es que sin este significante del Nombre del padre inscrito en el obrar social, los hombres desean ocupar ese lugar fálico que tal parece está vacante y con esto asumir la posición de “macho alfa”; esto no genera sino violencia por la ambición de ese lugar privilegiado. Cualquiera que hiciere competencia en la reyerta por el falo debe ser muerto, así como “Dios ha muerto”.

Al no existir ese significante primordial del Nombre del Padre en el obrar social, el mismo individuo integrado en la sociedad, se forja como objeto de cierto goce, que no encuentra límite al no existir ley o “función paterna” que lo sofrene.

 Entonces, se descubre indudable una pérdida del sentido de la otredad como un individuo subjetivo y se lo toma como un objeto de goce, objeto a fin de cuentas que pareciera se produce en masa, se le trata en masa y también se le mata en masa. Es decir, se consuma en su muerte y asesinato ese Goce sin embocadura.

A pesar de que en el mundo moderno, en el mundo secular, se vive como si la muerte no existiera, con tanto “progreso y riqueza”, con tanta esperanza de vida, tantos avances en medicina, que prometen una vida placentera; este propio mundo secular, es el mundo de los campos de concentración, el mundo de los cientos de hombres asesinados de un solo tajo cada día, el mundo del asesinato en masa. No cabe duda que el exterminio agrupado es fruto de la colectivización de la vida. “nadie piensa en su mente propia porque nadie vive su propia vida” (Paz, Octavio, op. cit.).




¿Por qué matamos?, porque la vida carece de valor; el valor está en la batalla absurda por obtener algo más absurdo aún; y donde todo es muerte lo único valioso es ella misma. Dice Octavio paz que lo único que hace entendible o humano al crimen es la relación Victima-victimario, misma que se ha perdido, ha desaparecido para dar lugar a simples verdugos  y objetos, instrumentos de placer y destrucción. (paz, Octavio; op. Cit).


Ya que sin el sentido de la otredad, más aún, con el asesinato de la otredad, este falo que se busca incansablemente se vuelve aún más inalcanzable. ¿Quién lo posee sino Otro?... ese otro asesinado, que de haber sido muerto hubiera sido asesino. Es por esto que si se apostara por un nuevo replanteamiento de la ética obsoleta hoy día, no habría duda en cimentarla en la propuesta del psicoanálisis; desde donde la jugada es apropiarse uno de su muerte en tanto que individuo subjetivo y no objeto, y no apropiarse de la muerte del otro.






                                                      (Ensayo realizado en el marco de las IX jornadas
                                                   de actualización en psicología en UNE, torre milenio).







miércoles, 4 de marzo de 2015

HOMOSEXUALIDAD. (ensayo para taller de sexualidad impartido en CIJ).

la temática que el día de hoy nos compete abordar se caracteriza por levantar choque de opiniones y actitudes diversas con respecto de ella; sin embargo, con este escrito no se pretende persuadir al lector para que se forme un juicio moral respecto de la temática, pretende tan solo comunicar de una manera imparcial y objetiva los datos históricos y teóricos que a la luz del psicoanálisis atañen al tema mencionado. cabe mencionar, que la actitud que guía nuestra actividad es la del respeto por el Otro, cualquiera que sean sus opiniones o posturas al respecto de lo que hoy nos ocupa.

Una vez dicho esto, y sin más preámbulo, daremos inicio a lo que hoy nos atañe, intentando dar una definición de "homosexualidad", tanto masculina como femenina: "la homosexualidad constituye una actividad erótico-sexual en la que participan miembros de un mismo sexo" (McCary, 1992). Esta definición de McCary, a pesar de que ofrece una concepción concreta, a nuestro parecer necesita ampliar sus horizontes.

Tan antigua como la historia, la homosexualidad fue un fenómeno bien conocido en la roma antigua; los antiguos griegos la consideraron no solo como algo natural, sino también como una modalidad del amor más elevada que el afecto heterosexual, cabe mencionar que en esta cultura no existía siquiera una palabra para designar a esta preferencia sexual. Sin embargo, aunque fuera muy común en esta cultura, siempre existió frente a la homosexualidad, una actitud moral con respecto de su práctica: "tener costumbres relajadas era no saber resistirse a las mujeres ni a los muchachos sin que lo uno fuera más grave que lo otro" (Foucacult, M. 1986).

Es decir, no importaba si fuera con hombres o mujeres, para las antiguos griegos el entregarse al disfrute sexual suponía tener costumbres relajadas o no muy rígidas en cuanto a moral se refiere. Los griegos no reconocían "dos clases de Deseo", la libre elección que ellos se permitían entre los sexos no hacía referencia a una doble moral; A su parecer, lo que hacía a un ser humano deseable, fuera hombre o mujer, era únicamente el apetito de que la naturaleza había dotado al hombre hacia quienes eran "bellos", independientemente de su sexo. En pocas palabras, para los griegos era el mismo deseo lo que se movía en dirección a todo lo que fuera deseable.

McCary en "sexualidad humana" propone posteriormente una definición conceptual más amplia que la que nos ofrece al principio, y nos dice que la homosexualidad..."es la preferencia que tiene una persona para relacionarse con personas de su mismo género". En este caso, "preferencia" es la inclinación natural y no un proceso de análisis, elección y selección. El elemento angular que define la preferencia es la atracción. (McCary, 1992).

Existen diversas teorías que explican la génesis de la homosexualidad; entre ellas, se pueden concebir como las más sólidas aquella que la explica desde las condiciones hereditarias y en su contra parte, aquella que alude a los factores ambientales de esta condición:

la primera de ellas, explica que la homosexualidad es innata. así mismo señala que la mayoría de los individuos homosexuales crecen en una cultura que favorece la heterosexualidad y desprecia a quienes tienen preferencias homosexuales. por tanto, las tendencias que quienes cultivan prácticas homosexuales deben haber sido innatas.

por su parte, la teoría ambiental nos dice que la homosexualidad es el resultado de presiones ambientales y otros factores condicionantes. El individuo puede buscar expresiones homosexuales como resultado, por ejemplo, de un incidente sexual casual pero placentero con individuos de su mismo género. la explicación más viable se centrará en el ambiente del hogar. Un estudio llevado a cabo por Saghir y Robins, en el que se incluyó la infancia de adultos homosexuales reveló que el 72% de ellos había perdido a uno o ambos padres antes de los 15 años de edad.

A menudo se han observado patrones enfermizos en las vidas de las familias de una persona con estas tendencias. En otro estudio de los mismos autores se obtuvo que 41% de los individuos que se definieron como homosexuales, en comparación con 23% de los heterosexuales, aseguraron que sus madres los habían controlad excesivamente. La interacción común entre padre e hijo que resulta en que el último sea homosexual tiene que ver con que el padre sea muy violento, de modo que el niño no se identifica con ese rol masculino (McCary, 1992).

Por su parte Freud, gravita en esta misma teoría al afirmar en su escrito "tres ensayos sobre teoría sexual" que como las conductas homosexuales pueden ser suprimidas con la hipnosis, es improbable que sean de orden hereditario exclusivamente (1905). y continúa: "...se ha observado una oscilación periódica entre el objeto sexual normal y el invertido. de particular interés son aquellos casos en los que la libido cambia de rumbo, orientándose hacia la inversión después de una penosa experiencia con el objeto sexual normal...la inversión es un carácter adquirido del instinto sexual..." (1905).

así mismo, a manera de conclusión, el mismo autor refiere que no es posible deducir una explicación satisfactoria de la génesis de la homosexualidad, pero que sin embargo, podemos observar que el psicoanálisis ha conducido a un resultado que puede ser de mayor importancia(1905): "resulta que nos habíamos representado como excesivamente íntima la conexión del instinto sexual con el objeto sexual. La experiencia nos enseña que entre el instinto sexual y el objeto existía una soldadura...sin embargo, se nos indica la necesidad de disociar hasta cierto punto el instinto y el objeto. probablemente el instinto es en un principio independiente de su objeto..." (Freud, 1905).

Pareciera que entre las concepciones griegas y las teorías de S. Freud existiera un diálogo milenario que nos invita a reflexionar acerca del Deseo inherente al ser humano, que independientemente de la dirección que tome lo hace partícipe de una condición muy sublime: la capacidad de amar.

miércoles, 25 de febrero de 2015

neurosis y moral.


“Que diré entonces? ¿la ley es pecado?
¿no lo es?. No obstante, solo por la ley
Tuve conocimiento del pecado…y es
Que sin la ley, el pecado no tiene vida”
                                             San pablo.

No es difícil asociar las reglas morales impuestas con el concepto cristiano de pecado, a fin de cuentas ambos se dirigen a regular las acciones de los individuos en una sociedad, en un grupo… esencialmente se trata de lo mismo, incluso históricamente.

Es bien sabido por todos que la moral a lo largo de la historia ha sufrido ciertos cambios que son inherentes al momento histórico-económico-social-político en curso, es decir, cada época, cada momento histórico cuenta con su propia moral la cual responde a sus necesidades sociales, e incluso económicas. Así, en la edad media, la iglesia se insertaba en el sistema jerárquico de la época pues contaba con feudos, clases sociales, etc. era básicamente el instrumento de Dios al que todos debían vasallaje y ejercía por tanto un poder espiritual; la moral de la sociedad medieval respondida a sus necesidades sociales, económicas y espirituales.

De acuerdo con el papel propio de la iglesia en la vida espiritual de la sociedad, la moral estaba impregnada de un contenido religioso, el cual aseguraba cierta unidad moral en la sociedad, al mismo tiempo, existían códigos morales entre los distintos estratos sociales, el código de caballeros, el monástico, código universitario, etc. se trata sin duda de una doble moral o una moral escindida; situación la anteriormente mencionada nada distinta a la de nuestros días, en el sentido de que si bien los códigos morales y la escisión de la moral se dan en función del momento histórico-social,  es una actividad, la de la moral, una meramente y esencialmente social. Solo se da en la sociedad resolviendo sus necesidades y cumpliendo una determinada función en ella.
Incluso el comportamiento individual está inmerso y sujeto a ciertas reglas morales vigentes en su contexto las cuales se dan en función de la relación con el estrato dominante, estos comportamientos individuales son libres y conscientes pero condicionados por la sociedad y como sus acciones tienen repercusiones para los demás, estos actos son sujetos de aprobación o reprobación.

Aterrizando la cuestión de la moral y su inherente carácter social, y como se trata de la conducta del ser humano en lo individual y social no podemos dejar de pensar en el concepto de neurosis ligado a la moral incluso por autores de la talla de Sigmund Freud, quien menciona que la neurosis es producto de un conflicto entre las tendencias instintivas y las restricciones sociales que el mismo individuo neurótico se impone. Es una frustración de un goce, planteado como una ley aparentemente ávida.

Si contemplamos las tendencias instintivas de las que hablamos y parafraseando a Freud y su escrito “tótem y tabú”, vamos a encontrar  que esos instintos se reducen a tres grandes conductas animalescas que el ser humano ha dejado de lado gracias a la vida en sociedad: el instinto de canibalismo, el instinto de incesto y el del asesinato; instintos mismos que de no ser observados conducen a la exclusión inmediata de la vida en sociedad, la exclusión inmediata de la neurosis o de la ley,  o el inevitable paso a la psicosis.

La omnipotencia del deseo engendra el temor de la defensa que se manifiesta en el sujeto; la prohibición de estos tres grandes instintos expulsa del sujeto el enunciado del deseo para hacerlo pasar a Otro, a ese “inconsciente que no sabe nada” de lo que sostiene su propia enunciación.
Tótem y tabú nos enseña que el padre, el nombre del padre o el significante de la ley, solo prohíbe el deseo con eficacia porque está muerto.  Este es el mito que propone Freud en tótem y tabú para el hombre moderno, para quien “Dios ha muerto”. El ocaso del complejo de Edipo es el duelo por el padre-por la ley- por el falo, pero conduce en definitiva a una secuela duradera: la identificación llamada superyó- la moral.

De ahí que la neurosis es inherente a las privaciones morales que funcionan para la vida en sociedad, entendiéndose que la privación en sí  no provoca la neurosis sino que en toda neurosis está presente la privación…


LA MANERA CORRECTA DE SOLUCIONAR PROBLEMAS

La vida se trata de solucionar problemas De hecho en la gran mayoria de los trabajos se nos paga precisamente por la forma en la que solucio...