Al
hablar de los sueños existe siempre una tendencia a concebirlos como algo
oculto e incluso esotérico; esta propensión aumenta si intentamos descubrir el
material onírico. Sin embargo, Sigmund Freud ilustra este tema lóbrego de por
sí, aclarándolo y brindando una interpretación que va mas allá del simple
significado de los sueños, una interpretación teñida de la seriedad
característica en él, que aporta a la psicología un saber invaluable; nos
aproxima por primera vez al inconsciente parlante a través de los sueños.
En
el capítulo dedicado a la interpretación de los sueños, en su libro Introducción al psicoanálisis,
Freud explica el sueño en dos instancias: la primera, llamada sueño
manifiesto, es aquel sueño que nos aparece desprovisto de significado con
una amplia extrañeza; la segunda, llamada sueño latente, es el
significado inconsciente que para el sujeto tienen las imágenes y elementos del
sueño. La práctica psicoanalítica con la técnica de asociación libre nos
proveerá del significado de esto.
En
la obra antes citada, Freud nos indica que “...
el sujeto del sueño dispone de una forma de expresión simbólica de la que no
solo no tiene el menor conocimiento en la vida despierta, sino que tampoco le
es posible reconocerla cuando le es comunicada por otra persona” (Freud, 2000). Observamos que en
el sujeto el significado del sueño escapa a la consciencia, se ha elaborado
inconscientemente. Ésta elaboración del sueño es una labor que transforma el
sueño de los símbolos claros en uno de significados ocultos, símbolos que
existen sólo en el inconsciente del individuo y significan solamente para su
construcción personal, a esto Freud le llama “transformación del sueño latente
en manifiesto” y responde a situaciones de mera defensa psíquica contra
tendencias perturbadoras en el individuo.
Si
bien los símbolos oníricos concurren solo en el inconsciente del sujeto en
cuanto a significado describimos, y de este modo no existe un
"diccionario" donde aparezca explicado el significado universal de
cada símbolo, también es cierto que existen en el "folklore" de los
pueblos relaciones simbólicas en su lenguaje, de tal modo que una cosa describe
a su vez otra distinta. Tal es el ejemplo de nombrar al pene con distintos
nombres de cosas que lo asemejen. Esta significación general es un elemento que
toma el inconsciente para deformar los sueños y su significado latente,
dejándolo oculto a la consciencia.
Así
mismo, existen autores como H. Sperber que hablan de un "lenguaje
fundamental" y de que "... las necesidades sexuales han intervenido
en la génesis y evolución de la expresión oral..." (H. Sperber, 1988).
Basado en esto, Freud habla acerca de la antítesis, en donde todo elemento
manifiesto capacitado de tener un contrario puede aparecer empleado en su
propio sentido o en el opuesto, incluso a veces en ambos sentidos; y prosigue:
"... este extraño mecanismo de la elaboración onírica, encuentra una feliz
analogía en la evolución del idioma. Muchos filósofos afirman la existencia de
antítesis en las lenguas más antiguas: fuerte-débil, claro-oscuro, son
designados por la misma palabra" (Freud,
S. 1900). Estas antítesis, cambios de sentido, cosas nombradas por otras
cosas, inherentes a las lenguas de los pueblos, son elementos inscritos en
nuestra psique que resultan muy cómodos para la elaboración onírica de latente
en manifiesto.
Así,
la elaboración onírica consiste esencialmente en una transformación de ideas en
sucesos alucinatorios: el inconsciente transforma los procesos psíquicos,
deseos, tendencias, etc. en imágenes que designan significados eminentes para
de esta forma no entenderlos y que no perturben nuestro sueño ni nuestra
tranquilidad consciente. De la misma forma en que los síntomas histéricos son
una sustitución de una serie de tendencias anímicas a las cuales un particular
proceso psíquico llamado represión ha impedido llegar a su normal exutorio por
medio de la actividad anímica consciente, los sueños son una transformación de
ideas inconscientes en imágenes con significados deformados unidos a otros significados
y representaciones como una vasta cadena psíquica.
Si
deseamos comprender un poco más estos procesos inconscientes, es vital verlos
semejantes a un idioma bien elaborado, un flujo de ideas y pensamientos que
elegantemente han sido transformados en imágenes escapando a nuestro
entendimiento; semejante a una lengua antigua, como la china, la cual es
difícil de entender debido a que un símbolo designa muchos significados. Este
idioma se muestra reducido a su materia prima, estado semejante a la forma de
expresión del inconsciente después de sufrir la disociación a que la
elaboración onírica le somete eliminando la expresión de las relaciones
inmediatas o lógicas.
Es
por esto que el lenguaje y los sueños comparten una semejanza colosal; sin
embargo, esta semejanza reside en una diferencia sustancial y diametralmente
opuesta, a saber: el lenguaje tiene como objetivo principal el transmitir un
mensaje; los sueños por su parte, tienen como función el distraer a la
consciencia de lo que sucede en nuestro inconsciente, pero que puede expresar
más de lo que imaginamos.
“la señora y la niña”.
A continuación narro
un sueño que por su contenido me resulta harto interesante en tanto a material
psicoanalítico se refiere y el cual fue soñado por mí hace tiempo:
me encuentro viendo en la televisión una
serie de sit comedy llamada: “the big bang theory”; en el sueño se encuentran
todos los actores de la misma organizando una orgía y entonces pienso que es
una forma muy libre de ejercer su sexualidad; situación que me resulta
agradable.
Acto seguido, la televisión se convierte en
una ventana a través de la cual soy testigo de lo que está pronto a suceder,
esta ventana corresponde a un departamento situado en un edificio; desde el
interior del departamento y a través de la ventana los actores de dicha serie
me invitan a participar de su orgía a lo que accedo con particular gusto. Una
vez que me uno al grupo, entre todos comenzamos a ponernos de acuerdo para dar
inicio a tan esperada orgía, sin embargo ese momento nunca llega y todo se
reduce a la organización de la misma, a los actos preparativos de ésta.
Esta situación me comienza a molestar puesto
que me siento ansioso por comenzar. Es entonces cuando dirijo mi mirada al
exterior del edificio en el que nos encontramos y observo a través de la
ventana, justo enfrente de nuestro edificio, otro edificio similar, con
departamentos y ventanas, oscuro y alto. Sin embargo, en ese edificio todas las
luces se encuentran apagadas salvo aquella que se encuentra exactamente en la
misma dirección que nuestra ventana.
Cuando descubro esa ventana enfrente mío con
las luces encendidas, descubro también que en el interior de ese cuarto se
encuentra una señora altísima y vestida de negro, quien me observa fijo con
unos binoculares y por ende observa los actos preparativos para la orgía en la
que me encuentro. Cuando me descubro observado por ella me entra un pánico
terrible y echo a correr angustiado fuera del edificio con dirección al edificio
de enfrente donde se encuentra dicha señora.
Mientras corro angustiado hacia el edificio
de enfrente tengo que atravesar por unas jardineras, por la parte de arriba, la
que está alejada del suelo, con miedo de caerme; y mientras esto sucede, mientras
corro, voy cuidando mi lado derecho y volteo repetidas veces como si algún
peligro terrible fuera a salirme de este lado;
sin embargo, de mi lado izquierdo se encuentra un bosque y no me causa
miedo, a diferencia del lado derecho donde solo hay oscuridad, y sí me causa
miedo; como si un terrible peligro fuera a salirme por este lado.
Cuando llego al edificio, subo las escaleras
rápidamente hasta donde se encuentra el cuarto desde donde la señora me
observaba y una vez que llego, abro las puertas violentamente y la señora
permanece inmóvil, se convierte en una especie de maniquí, inerte; lo único que
se mueve con el viento es el vestido negro que lleva puesto y sólo continúa
mirando a través de los binoculares.
Dentro del oscuro y demacrado cuarto y detrás
de la ventana y la señora, se encuentra una cama cuya estructura la componen
unos delgados tubos de acero pintados de blanco pero muy oxidados y
maltratados, dispuestos en forma de rejilla. Sobre la cama está un colchón
sucio y viejo, lleno de manchas y de algo que parece sangre; encima de este
colchón, yace una niña vestida de blanco, de la cual, por alguna razón, yo sé
que es hija de la señora y que tiene 12 años. Así mismo, sé que ha muerto por
el aspecto de su piel: gris y delgada. La silueta de la niña se hunde en el
colchón.
Es entonces que me acerco a la niña y toco su
brazo derecho, el cual me resulta frío al tacto y confirmo que se trata de un
cadáver; en ese momento yo me convierto en la niña misma, como si por tocar su
brazo me hubiera absorbido su cuerpo que yacía ahí y veo el techo que ella
vería y siento mi silueta hundida en el colchón sucio. Acto seguido despierto
con un miedo terrible y el corazón a punto de salírseme del pecho.
La interpretación de los sueños y su relación con el
lenguaje.
Hemos observado desde el principio de este escrito cómo los
sueños han sido comparados con una especie de lenguaje dispuesto en símbolos
que deben ser decodificados para la mejor intelección del soñante o del que
escucha la narración de algún sueño. Incluso, del mismo inconsciente se dice
que se encuentra estructurado como un lenguaje. Sin embargo, retomando lo que
anteriormente se dijo con respecto de las funciones del lenguaje y su relación
colosal con los sueños basada en una diferencia diametralmente opuesta, cabe
plantear algunas cuestiones que darán pie a las temáticas subsecuentes de lo
que el día de hoy nos ocupa:
¿Cual es la utilidad
del proceso de soñar en la psique del individuo y por qué los sueños buscan confundir
al soñante del significado de sus símbolos?, ¿en qué radica la necesidad de
decodificar los símbolos oníricos para descubrir sus significados y ponerlos en
palabras?, ¿de qué manera éstos elementos que significan algo en el
inconsciente del individuo aparecen en el sueño como imágenes visuales pero con
significados deformados?
Todas éstas, son preguntas de difícil o incluso incompleta
solución; sin embargo, Freud logra darnos una aproximación fascinante a estas y
otras muchas cuestiones en su obra: “la interpretación de los sueños”, Misma
obra que abre el camino para una comprensión grandiosa del inconsciente y de
las psicopatologías que aquejan a la humanidad.
De inicio, el mencionado autor basado en la literatura
científica que versa sobre los sueños que hasta entonces se había producido,
presenta los estímulos y elementos que excitan la formación del sueño, mismos
que se pueden enlistar de la siguiente forma: “ a) excitación sensorial
exterior (objetiva); b) excitación sensorial interior (subjetiva); c) estímulo
corporal interno (orgánico) y d) fuentes de estímulo puramente psíquicas”
(Freud, S. 1900)
Con respecto de estos elementos que interfieren en la
creación de los sueños, podemos decir que el sueño es una particularidad de los
procesos perceptivos del sujeto, pero también de aquellos puramente
psicológicos y orgánicos que en conjunto, al momento del acto de dormir, crean
“imágenes hipnagógicas” (Freud, S. 1900) por acción de los restos de polvillos
luminosos que se quedan en la córnea pero que por acción de la asociación de
ideas se anudan unas con otras para que el cerebro intente darles un sentido,
como a una frase o una historia. Sin embargo, estas explicaciones no aclaran la
aparente arbitrariedad con que son seleccionadas las imágenes oníricas que han
de presentarse al soñante.
Nos conformaremos por ahora con decir que la percepción, en
conjunto con los procesos psicológicos y lingüísticos, retornan en el soñante
merced a estímulos psíquicos y corpóreos produciendo imágenes ilusorias que
toman sentido entramadas a cadenas de representaciones y significantes; proceso
muy similar al de la adquisición del lenguaje en el niño para quién lo primero
es el símbolo que significa por sí mismo y sólo después, por acción del
encadenamiento de nuevos significantes, devienen éstos en palabras. Sin embargo
en el caso del sueño esta semejanza es en sentido inverso, es decir, con
dirección de: palabras a símbolos.
Nos dice Freud, que en el sueño, el sujeto alucina, que
reemplaza pensamientos por alucinaciones, palabras por imágenes. Así mismo,
puntualiza que la actividad subjetiva del sueño nos aparece como objetiva, es
decir, se vivencia sensorialmente como en el caso de la alucinación; por otra
parte, al soñar, se anula la voluntad. (Freud, 1900). Y prosigue:
“la
suma de las impresiones sensoriales sobrevenidas durante el dormir, y que
proceden de las diversas fuentes ya mencionadas, despiertan primero en el alma
una cantidad de representaciones que aparecen como alucinaciones. Éstas se
enlazan entre sí siguiendo las conocidas leyes de asociación, y a su vez,
evocan, de acuerdo con esas mismas leyes una nueva serie de representaciones”.
(Freud, S. 1900).
Hasta aquí, hemos intentado conocer las relaciones de
semejanza entre el sueño y el lenguaje, y cómo al igual que éste, el sueño se
decodifica o contiene significados; cómo ésos elementos formadores del sueño
finalmente se enlazan a una estructura que intentan dar coherencia como si
fuera una frase o un lenguaje; sin embargo, el hecho de que los sueños no nos
hablen en el lenguaje que conocemos, no quiere decir que no signifiquen algo.
Por otra parte hemos conocido cómo es que este proceso tan
natural en todos los individuos resulta en imágenes y percepciones a manera de
alucinaciones y cómo es que las palabras o pensamientos del soñante, se
convierten en imágenes visuales o auditivas una vez que el sujeto es sometido
al proceso de dormir. En pocas palabras, nos hemos aproximado a la intelección
de la formación del sueño. Sin embargo,
estamos lejos de dar respuesta a todas las preguntas planteadas al principio
por lo que a continuación abordaremos la cuestión de la utilidad de la
transformación de nuestros significados inconscientes en símbolos e imágenes
aparentemente incoherentes.
Se ha dicho que el sueño, lejos de servir para profetizar
eventos futuros como erróneamente se cree, es un reflejo de algo que en la
vigilia ha ocupado con carga afectiva los pensamientos y preocupaciones del
soñante, es desde donde se descubre la utilidad que tiene el sueño para el
aparato psíquico, a saber: sirve como una válvula de escape para la presión
psíquica que en el individuo se acumula a lo largo de su periodo de vigilia
pero entramado a esto, a lo largo de su historia subjetivizada; sin embargo,
lejos de esta premisa se sabe también gracias a los trabajos de Sigmund Freud
que el sueño es a la vez un “cumplimiento de deseo”.
Como es natural pensar, de la veracidad de esta aseveración
el lector podrá dudar con justa razón, ya que la mayoría de los sueños son desagradables
o incluso angustiosos; incluso si se toman los sentidos literales que se
presentan en el sueño se podrán fácilmente rechazar por parecer indeseables. En
respuesta a estas objeciones debemos siempre tener en mente que los símbolos
literales son reflejo de representaciones inconscientes diferentes a lo soñado
y también es necesario comprender que los deseos que se actúan en el sueño son
en su gran mayoría inconscientes, es decir, que son rechazados por la
conciencia del individuo.
Es precisamente por esta cualidad de deseos rechazados
conscientemente que éstos deseos pugnan por salir, por emerger desde el fondo
prohibido conocido como inconsciente; pero al ser sometidos al examen de
aprobación por parte de la consciencia es necesario que afloren desfigurados al
grado de irreconocibles para poder entonces encontrar exutorio y liberar la
presión ambivalente que sufre el aparato psíquico por querer al tiempo que
liberarlos, reprimirlos.
La desfiguración onírica entonces atiende a ésta necesidad
de dar cumplimiento a un deseo rechazado de una forma que resulte menos
amenazante para la vida anímica del sujeto soñante. Nos dice Freud que “…es
sólo el deseo de que las cosas hayan sido de cierta forma lo que el sueño
expresa” (Freud, S. 1900). Se puede pensar entonces que el sueño es un
cumplimiento (disfrazado) de un deseo (reprimido) (Freud, S. 1900). Por otra
parte, con respecto de los sueños de angustia, o también conocidos como
“pesadillas”, este mismo autor nos dice que éstos suceden cuando el deseo que
se actúa en el sueño es muy grande y se está mostrando muy claro para la
consciencia, es decir sin ser sometido a la desfiguración onírica; la misma
consciencia al rechazar dicho deseo que se muestra sin disfraz y al fallar en
su censura, utiliza a la angustia que hace las veces de la censura y es
entonces que aleja de sí eso prohibido, al grado de despertarnos llenos de
terror. (Freud, S. 1900)
¿Por qué éstos deseos se muestran a manera de
alucinaciones?, esto es debido a que, por mucho que la consciencia los rechace,
al no encontrar un exutorio por medio de la vía motriz, es decir, al no
realizar estos deseos en acto en la vida real, los procesos psíquicos retornan
sobre sí mismos en un sentido regrediente que de forma natural, van desde la
percepción por medio de las huellas mnémicas hasta la descarga motriz; pero en
el trabajo del sueño esto sucede al revés: desde la motricidad inhibida por la
censura a través de las huellas mnémicas, hasta la descarga por medio de la
percepción; ya no motriz si no perceptiva. Es por esto que esta motricidad
frenada se muda en alucinaciones sensoriales de todo tipo. Esto es explicado por Freud a través de su
conocido “esquema del peine”, mismo que es representado de la siguiente forma:
(Freud, S. 1900).
Análisis de “la
señora y la niña”.
Es momento de poner en práctica lo que la teoría nos ha
brindado; y para tal acción he resuelto aplicar lo que en este escrito hemos
trabajado, a un sueño que me vino hace tiempo pero que recuerdo con nitidez y
que me parece que encierra en sí elementos importantísimos en cuanto a material
de interpretación se refiere. Para el análisis de dicho sueño, mismo que fue
expuesto con anterioridad en el presente escrito, he resuelto pedir la colaboración
de una colega a quien respeto mucho por su aguda inteligencia así como por su gran experiencia y ética en la praxis
psicoanalítica; además, la tarea de analizar un sueño propio despierta siempre
resistencias difíciles de vencer; está de más decir que este caso no fue la
excepción.
Para llevar a cabo esta tarea, naturalmente utilicé la técnica
de asociación libre, experimentando las ocurrencias que me venían a la mente
con algunos elementos del sueño que juzgo importantes:
En primer lugar se encuentra la orgia que nunca comienza, y que es pensada por mí en el sueño
como una forma libre de ejercer la
sexualidad. Desde el principio salta a la vista este pensamiento, pues si
atendemos a la aseveración de que “el sueño es cumplimiento de deseo” pronto
podemos imaginar que en este caso, con este elemento, lo que se muestra es un
deseo propio de “ejercer libremente la sexualidad” pero que desde el mismo sueño
es rechazado por mí al ser depositado en otros; mismos que sin embargo me
invitan a participar, a lo cual accedo
con particular gusto.
Es preciso agregar que esta represión en cuanto a la
sexualidad no era algo nuevo en mí en el tiempo en que me vino este sueño.
Debido a la crianza que tuve a lo largo de mi infancia y adolescencia decidí a
temprana edad ingresar a un colegio religioso con el deseo de ser sacerdote.
Claro está que esto implicaba un rechazo abierto a practicar el acto sexual.
Posteriormente, abandoné este propósito para interesarme por la música y la
psicología, no sin antes cambiar conscientemente mi actitud hacia la
sexualidad. He dicho Conscientemente.
Otro elemento importante es la señora altísima vestida de negro que me observa con unos binoculares. Cuando
advierto que la señora es testigo de lo que estoy próximo a realizar, me entra un pánico terrible. Es decir,
se trata de una mirada que me angustia por que me observa con unos binoculares,
como si vigilara mi acto prohibido y eso me angustiara terriblemente. Esa
mirada coincide con la mirada vigilante de mi madre en la vida real. Puesto que
es ella la que más me ha inculcado la moralidad en estos aspectos. Es entonces
que corro hacia donde está ella, alejándome de la orgía con miedo a que “algo
malo me pase”, como si se tratara esto de un castigo. La señora está vestida de
negro, el color de los funerales y ella misma se encuentra inmóvil.
Cuando en el sueño me encuentro corriendo del edificio en el
que me encuentro hacia donde está la señora, tengo que atravesar por unas jardineras que me recuerdan mucho a unas
que había en el colegio religioso donde estudié, y el hecho de que vaya
caminando por encima de ellas con miedo de caerme es un reflejo del miedo que
me da pasar por encima de esa moralidad que aprendí en ese colegio. Como si al
pasar por encima de ese colegio, pasara por encima de “portarme bien”. Es por
eso que en este momento del sueño siento que algún peligro terrible me saldrá,
como si fuera perseguido por la culpa.
En el sueño entro en
el cuarto y la señora se convierte en maniquí, después veo a la niña y sé que tiene doce años; sé que está muerta y después la toco y yo mismo me convierto en la niña. Esta
serie de imágenes inconscientes me llevan a tener una serie de pensamientos en
mi intento por darles una interpretación: en primer lugar, al yacer la niña
sobre la cama y saber que está muerta; y al ver a la señora vestida de negro
solo puedo pensar que aquello se trata de un funeral. Pero la niña tiene doce
años, la misma edad en la que ingresé al colegio religioso con la intención de
ser sacerdote, es decir la misma edad en la que “maté” ese deseo de ejercer la
sexualidad. Es como si el funeral de la niña muerta fuera el funeral de mi
propio deseo, es por esto que me alejo de la orgía que es una forma de ejercer mi sexualidad para llegar al
funeral de mi propio deseo. ¿Y por qué es una niña? Por que en la figura de una mujer se condensa
mi representación de deseo, aquello a lo que a los doce años deseaba renunciar,
o matar, pero que finalmente no pude.
Con esto podemos regresar a la primera escena del sueño, en
donde se actúa aquello que deseo tanto pero que nunca llega (la forma libre de ejercer la sexualidad) por que en el
edificio de enfrente al mismo tiempo que la orgía,
está ocurriendo el funeral de ese mismo deseo. Es decir, en mi sueño el
cumplimiento de deseo está en la forma libre de ejercer la sexualidad. Pero al
mismo tiempo, se muestra el conflicto que existe con esto mismo, conflicto
encendido por la mirada vigilante de esa señora. Es como si una y otra cosa ocurrieran
paralelamente. Puedo ir de una escena a otra pero siempre regresando a la
anterior. Como un eterno repetir del deseo y su consecuente conflicto.
No es difícil imaginar que al intentar darle una
interpretación al sueño, comencé a sufrir un incómodo dolor en el cuello, del
lado derecho. Dolor que se extendió en el tiempo a lo largo de una semana, al
cabo de la cual descubrí que el dolor era del mismo lado del cual en el sueño
sentía que algo terrible me perseguía. Un día me quejaba del dolor y al voltear
la cabeza al lado adolorido pensé: “me duele cuando volteo, de la misma forma
en que en el sueño volteaba a ese lado que ahora me duele”. Es curioso que
después de descubrir esto, el dolor se aminoró hasta desaparecer por completo
al día siguiente. Como si la culpa me siguiera persiguiendo al igual que en el
sueño pero ahora en la vida de vigilia a manera de un síntoma.
Los sueños, la cura y
la palabra.
Deseo comenzar este apartado con el relato curioso de mi
dolor en el cuello y cómo, cuando descubrí su semejanza con la forma de voltear
en el sueño hacia el lado derecho, éste desapareció paulatinamente. Era un
síntoma inconsciente “cuya palabra debía ser librada”. (Lacan, 2005).
¿Cómo es esto?... Lacan, en “función y campo de la palabra”
(Lacan, 2005), nos habla acerca de la importancia que tiene la palabra hablada
en la experiencia psicoanalítica, nos dice así mismo que de los términos más arraigados en este
experiencia (inconsciente, sexualidad, etc) pareciera que su mención debiese
borrarse próximamente, en ámbitos ajenos al psicoanálisis.(Lacan, 2005); sin
embargo, dice también que el psicoanálisis junto con su técnica, son aplicados
sobre los conceptos que la fundan, toman su sentido orientándose en un campo de
lenguaje. El médium del psicoanálisis es la palabra del paciente.(Lacan, 2005)
Por otra parte, en el escrito ya mencionado, el mismo autor
nos dice que el discurso del paciente se
plaga de regresiones, es decir, de actualizaciones en su decir de relaciones
fantasmales (Lacan, 2005 ) esto no se inscribe en el registro de lo Real,
sino en la relación Imaginaria con el analista, en el sentido en que el
psicoanálisis entiende lo Real y lo Imaginario.
Y así, Lacan continúa: “la palabra presente es un testimonio
de la realidad actual, es lo que da sentido a las funciones del individuo…sus operaciones son las de la historia en
cuanto que constituye la emergencia de lo verdadera en lo Real…la verdad ya
está escrita en otra parte y se le puede encontrar en los monumentos del propio
cuerpo…” (Lacan, 2005)
Siguiendo esta misma línea de pensamiento, nos dice Lacan
que lo inconsciente es ese capítulo de mi historia cerrado, censurado. (Lacan,
2005) y que: “lo olvidado se recuerda en los actos (repetición)… el sueño tiene
la estructura de una frase, o mejor dicho, de un rébus”.(Lacan, 2005).Lo que nos hace pensar que en el sueño se
actúa el deseo a manera de recordarlo, es decir, no censurarlo. Sin embargo,
así como el Deseo es el Deseo del Otro, o sea, el primer Deseo es ser
reconocido por el Otro; también el Deseo del sueño tiene que ser reconocido por
otro y esto solo puede ocurrir en una relación dialéctica, una relación de
lenguaje, de palabra dicha y escuchada.
El Deseo, al reprimirse o por esto “olvidarse”, no puede ser
nombrado. Esto provoca que se le actúe o se le “recuerde” a través de estos
actos; por eso en el sueño nos aparece actuado. Y así, lo que se actúa en el
sueño nos da la clave para develar el Deseo que se nos oculta a la consciencia.
Estos deseos se actúan de una manera irreconocible… y por esto indecible: o
sea, con una imposibilidad para ponerlos en palabras o darles una
representación; se muestran desfigurados.
Es esta desfiguración la que provoca que al no poder ser
dichos o representados con palabras los Deseos que se entraman en el sueño,
sean inscritos en el registro de lo Real, en el sentido en que el psicoanálisis
lo entiende. De esta forma, los Deseos se “real-izan”. Esto me hace pensar en
que el sueño es por esto un “cumplimiento de deseo”, por que en éste último, el
sueño se realiza.
Más no se le representa con palabras. Del registro de lo
real se dice que es aquello de lo que no se puede hablar, o no se puede poner
en palabras. De ahí que nos sea sencillo pensar en la real-ización del Deseo en
el sueño con imágenes y elementos ocultos, imposibles de poner en palabras.
¿En qué consiste esta real-izacion? Consiste en una
corporización: se le erige un monumento al Deseo en el cuerpo propio, para que
se le recuerde. A veces, esto sucede a manera de un síntoma. Es por esto que
cuando la palabra del Deseo o del sueño es librada, cuando al Deseo se le
reconoce en ese sueño con sus elementos y acertijos, o en ese síntoma, es
cuando se esboza algo de aquello estrictamente inconsciente, un pequeño trazo
de lo Real que a pesar de no poder ser dicho o reconocido se nos muestra como
visto a través de un cristal muy empañado. A este trazo, a este esbozo, Freud
le llama “latente”, cosa que en un sentido descriptivo y solo en este sentido
es llamado por él mismo “inconsciente”. Pero entendamos esto un poco mejor: “en
el sentido descriptivo tanto lo preconsciente como lo reprimido son
inconscientes; mientras que en el sentido dinámico la designación de
inconsciente se refiere exclusivamente a lo reprimido” (Freud, 1923).Digamos que
al reconocer el lenguaje en que nos hablan nuestros sueños se posibilita que el
Deseo se vuelva latente o susceptible de consciencia. Hablando en un sentido
descriptivo y no dinámico ese boceto de lo Real se aproxima al registro del
lenguaje, o sea de lo Simbólico.
“¿Qué es hacer consciente algo inconsciente?” Nos dice Freud
en “el ello, el yo y el superyó” (Freud,
1923). Y responde: “la diferencia efectiva entre una representación
inconsciente y una preconsciente consiste en que la primera se consuma en algún
material que parece no conocido, mientras que en el caso de la segunda se añade
la conexión de representaciones-palabra…mismas que son restos mnémicos que una
vez fueron percepciones y pueden devenir conscientes”. (Freud, 1923).
Y continúa: “la palabra es propiamente dicho el resto
mnémico de la palabra oída” (Freud, 1923)… “el pensar en imágenes está mas
próximo a los procesos inconscientes; y sin duda es mas antiguo que pensar en
palabras tanto ontogénicamente como filogenéticamente…en efecto para traer a la
consciencia la representación inconsciente es preciso procurarle eslabones de
conexión… el papel de las representaciones-palabra se vuelve ahora enteramente
claro. Por su mediación, los procesos internos de pensamiento son convertidos
en percepciones. Es como si hubiera quedado evidenciada la proposición: todo
conocimiento proviene de la percepción externa”… (Freud, 1923), como si el
sujeto al escuchar de regreso sus propias palabras, con sus propios oídos o en
su propia consciencia, o al poner sus propios símbolos oníricos en sus propias
palabras, pudiera reconocer aunque sea una pequeña parte de sus propios
pensamientos y deseos inconscientes.
15 de Julio de 2015.
Juan pablo Morales
Llamas.
Bibliografía:
________________________
Freud,
S. Introducción al psicoanálisis. (2000). Alianza Editorial: Madrid.
H.
Sperber, El simbolismo en general. (1988). Anthropos: Barcelona.
Freud,
S. interpretación de los sueños I y II (1900).
Amorrortu editores: Argentina.
Freud,
S. el ello, el yo y el superyó (1923).
Amorrortu editores: Argentina.
Lacan,
J. función y campo de la palabra en
psicoanálisis. Ed. Siglo XXI. México.