miércoles, 25 de febrero de 2015

neurosis y moral.


“Que diré entonces? ¿la ley es pecado?
¿no lo es?. No obstante, solo por la ley
Tuve conocimiento del pecado…y es
Que sin la ley, el pecado no tiene vida”
                                             San pablo.

No es difícil asociar las reglas morales impuestas con el concepto cristiano de pecado, a fin de cuentas ambos se dirigen a regular las acciones de los individuos en una sociedad, en un grupo… esencialmente se trata de lo mismo, incluso históricamente.

Es bien sabido por todos que la moral a lo largo de la historia ha sufrido ciertos cambios que son inherentes al momento histórico-económico-social-político en curso, es decir, cada época, cada momento histórico cuenta con su propia moral la cual responde a sus necesidades sociales, e incluso económicas. Así, en la edad media, la iglesia se insertaba en el sistema jerárquico de la época pues contaba con feudos, clases sociales, etc. era básicamente el instrumento de Dios al que todos debían vasallaje y ejercía por tanto un poder espiritual; la moral de la sociedad medieval respondida a sus necesidades sociales, económicas y espirituales.

De acuerdo con el papel propio de la iglesia en la vida espiritual de la sociedad, la moral estaba impregnada de un contenido religioso, el cual aseguraba cierta unidad moral en la sociedad, al mismo tiempo, existían códigos morales entre los distintos estratos sociales, el código de caballeros, el monástico, código universitario, etc. se trata sin duda de una doble moral o una moral escindida; situación la anteriormente mencionada nada distinta a la de nuestros días, en el sentido de que si bien los códigos morales y la escisión de la moral se dan en función del momento histórico-social,  es una actividad, la de la moral, una meramente y esencialmente social. Solo se da en la sociedad resolviendo sus necesidades y cumpliendo una determinada función en ella.
Incluso el comportamiento individual está inmerso y sujeto a ciertas reglas morales vigentes en su contexto las cuales se dan en función de la relación con el estrato dominante, estos comportamientos individuales son libres y conscientes pero condicionados por la sociedad y como sus acciones tienen repercusiones para los demás, estos actos son sujetos de aprobación o reprobación.

Aterrizando la cuestión de la moral y su inherente carácter social, y como se trata de la conducta del ser humano en lo individual y social no podemos dejar de pensar en el concepto de neurosis ligado a la moral incluso por autores de la talla de Sigmund Freud, quien menciona que la neurosis es producto de un conflicto entre las tendencias instintivas y las restricciones sociales que el mismo individuo neurótico se impone. Es una frustración de un goce, planteado como una ley aparentemente ávida.

Si contemplamos las tendencias instintivas de las que hablamos y parafraseando a Freud y su escrito “tótem y tabú”, vamos a encontrar  que esos instintos se reducen a tres grandes conductas animalescas que el ser humano ha dejado de lado gracias a la vida en sociedad: el instinto de canibalismo, el instinto de incesto y el del asesinato; instintos mismos que de no ser observados conducen a la exclusión inmediata de la vida en sociedad, la exclusión inmediata de la neurosis o de la ley,  o el inevitable paso a la psicosis.

La omnipotencia del deseo engendra el temor de la defensa que se manifiesta en el sujeto; la prohibición de estos tres grandes instintos expulsa del sujeto el enunciado del deseo para hacerlo pasar a Otro, a ese “inconsciente que no sabe nada” de lo que sostiene su propia enunciación.
Tótem y tabú nos enseña que el padre, el nombre del padre o el significante de la ley, solo prohíbe el deseo con eficacia porque está muerto.  Este es el mito que propone Freud en tótem y tabú para el hombre moderno, para quien “Dios ha muerto”. El ocaso del complejo de Edipo es el duelo por el padre-por la ley- por el falo, pero conduce en definitiva a una secuela duradera: la identificación llamada superyó- la moral.

De ahí que la neurosis es inherente a las privaciones morales que funcionan para la vida en sociedad, entendiéndose que la privación en sí  no provoca la neurosis sino que en toda neurosis está presente la privación…


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